En general, hablaba de sexo, haciendo alusión al tamaño de su verga o detallando cada una de sus prácticas sexuales. Preguntaba por las tuyas como si lo hiciese por tu salud y se burlaba sin tapujos de tus reticencias.Cuando lo conocí me pareció grosero, sin embargo, sus gestitos de loca reprimida me hicieron abrir la puerta a un sistema de tolerancias despeinado e íntimo. Mi mano en su espalda, se convirtió en el único hueco existente en una ciudad, que no deseaba su ciudadanía.
El día del carnaval me pidió sexo: “casual, para probarnos la mano”. Hizo un extenso listado de tipologías sexuales de las que a veces, durante su soledad, yo era la protagonista. Trató de persuadirme: “flaca, nadie te va a tirar como yo”. Me pidió que lo pensara y partió a saltitos rítmicos de glúteo apretado y pelo en el pecho.
Yo me quedé ahí: sorda en la ciudad ruido, ciega en la ciudad imagen, quieta en la ciudad movimiento. La dinámica delirante de un Santiago empantallado bombardeó de luces la ciudad… perdida en el caleidoscopio, todo se volvió silueta.
…corazones pop caían desde las ventanas.
Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: andreinatje cc.
1 comentario:
Buenísimo prima que quieras que te diga...buenísimo
un beso enorme.
cuidese....
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