sábado, 13 de septiembre de 2008

De la persistencia geográfica y sus implicancias urbanas


-La ciudad tiene la culpa- pensé rabiosa por la confusión a mi alrededor. Llevaba tres días sumida en una desorientación de micros mal tomadas y atrasos con descuento a fin de mes. Recordé la consigna del buen santiaguino y busqué la cordillera.

Estaba ahí, transparentada por la nueva hotelería de promesas europeas y por el otoño diferente de un país que importa calentamiento global. Ni siquiera podían verla las mentes prodigiosas que contenían el tablero ciudadano de peatones, ciclistas y automovilistas en contienda obligada dentro del reality show de “Santiago city”.

Yo: bombardeada de titulares faranduleros para los evasivos, en transantiago hiper-moderno e inútil. Ella: oculta tras el collage publicitario de azules televisivos, vestida de cuentas de celular y fotografías del mejor empleado del mes, lista para el matinal. Nosotras: maquilladas como mediocres escondidos en el camino inexistente de la resistencia. Ruborizadas, cual exitosos obligados a seguir un lineamiento que perdió su sentido después del “sí, acepto”.

Estaba ahí, perdida entre la bailanta grosera de las sopaipillas, en el suplemento vitamínico de las seis de la mañana, en el metro atestado, en los desmayos, los desesperados. Perdida en mí misma, en mi propio ojo velado.

-La ciudad tiene la culpa- pensé, parada como un extraterrestre en el Parque Forestal. Disminuida, caminé sin rumbo por la maraña de la vida urbana.

Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Icampbell (cc)

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