La cara contra el muro, inhala la humedad de la muralla enmohecida. Arrastra la tela bolsuda del pantalón a media raja por las posas, barro, tierra espesa. El agua se le cuela por las Adidas de lona color pastel. El rojo de la baliza ilumina el vértice del muro, él busca una sombra en la pared roída; desliza los brazos para ocupar el menor espacio, para camuflarse en la oscuridad mientras la parca se le impregna del buqué putrefacto a orina de los ladrillos.
Aurelio aguarda tras el muro, descansa; viene corriendo de los pacos hace 2 horas. Logró llegar a la población. Ya conoce esas calles, el cablerío infinito del alumbrado eléctrico, conoce ese barro entre los dedos, esas sombras y la humedad de ese muro; ya ha estado ahí y sabe...
que la luz roja de la baliza no se atreve a traspasar el muro. Desaparecerá y se perderá en la siguiente calle.
Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
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