
¡Rape me! Rape me para una guitarra neurótica acallando ritmos unplugged, que no marcarán tendencias.
Camina… y junto a ella otra más, y yo, odiándolas a ambas ¡Rape me! Rape me subliminal en los oídos, mientras tanto, flashes se lanzan saeteando el iris a velocidades cibernéticas y las luminarias quiebran los rostros en fragmentos surrealistas; nuestros ojos ocupados en nuevas geografías.
Cae el párpado a salvo de la imagen. Caigo yo, al fondo del sonido y me emborracho de agresiones que los acordes validan.
Como una revelación, pixeles de un verde electrónico se meten ajeringados por la pupila. El rasgueo me quiebra el tímpano, adelantando mis pasos a las decisiones ¡Rape me! y cinco cables electrocutan mi brazo ¡Rape me! y un rostro sin afeitar me invade la retina, en primer plano. Una fila de dientes para deshacer el encanto y el botón en off de regreso al inframundo.
Miro alrededor: primavera-carnaval, adornada de plátanos orientales que nos intoxican con su cotillón de fiestas indeseables, y el chillido rockero de Santiago-viernes-noche me atropellan el encierro. Las odio a ambas, así que las escondo, para desafiar la dentadura con hipocresía.
Rostros y rostros narrados en un recinto que luce adherentes gritando desde las murallas, existiendo a veces en un graffitti, que involucra o no el amor... tema para otra historia. Mi rostro, uno más en el collage de los desconocidos.
Conversación y música abrazadas, subiendo por la escala melódica de la robotecnia. Decibeles patean mi oído, cierta boca erotiza mi oreja. ¡Ruido!
Ellas, se retiran a tejer proyectos y yo, comienzo a sentirme bien, la garganta se me revienta en bemoles, entonces ...abre la ventana y ¡Tírate! me dicen, de repente, en escalas disonantes. Les grito ¡Pero hay tantas voces en la pista de baile! ¡Tanta carcajada! que ya no puedo escucharme.
¡Tírate! ¡Tírate! Me gritan y mi voz ya no es la mía y entonces, soy multitud. Alzo todos mis brazos, todos mis ojos se abren y cierran al compás de las luces, photoshopeados por el ron añejo. No sé que responder y me evado a través de las percusiones.
La observamos bajo el lodo de los acordes y acepta la tregua, aunque no confía en nosotras. Su figura parpadea cortando los movimientos y muy lejos de acá, voces electrónicas proyectan otras posibilidades.
Gastaré toda mi vida en comprar la tuya, se escucha en frecuencia modulada, para que bailen las bocas al ritmo de los conceptos. Entre todas, la de ella se queda plantada y un dolor le estruja los órganos... nosotras no queremos mirarla.
¡Tírate! Le decimos, para aminorar el daño ¡Tírate! Le dice sola, buscando sus intereses. Ella gesticula, esfumándose en un zoom de rostro desconocido. Su boca otra vez, dibujando obscenidades, la espalda de algún deportista tragándose su imagen y otra vez su boca para no escucharla. ¡Tírate! Se confunde ¡Tírate! No llora. Al final del trayecto, desafina un amor violento, que le abofetea el rostro.
Hello? Is there anybody in there? Just nod if you can hear me. Is there anyone home? Come on, now, para deshacer el trance; tanto, tanto, que se queda quieta entre la multitud. Su rostro iluminado por los reflectores gana protagonismo, entonces leemos en su mejilla advertencias de otras voces. Le grito para no perderla, envolviéndola de saliva e insultos, le saco del vientre un nombre de niño para pegárselo en la frente con la palma abierta. Gesticula, entorna el ojo, apunta con la nariz los pasos. Se defiende, busca los acordes, atrae un cuerpo, emprende la huída ¡Qué corra!
Una voz caribeña lucha contra el comprimido en mp3… tus besos son como caramelos, me hacen llegar al cielo, pero yo, necesito estar más lejos aún, para no escucharlas y me safo con energía de manos y piernas ajenas. Enredada en excusas, sonidos motorizados nos alejan de la pirotecnia.
Ases de luces escanean nuestros rostros y un único flash de imágenes nos ametralla el ojo en plena madrugada: las pantallas dan los buenos días, eternizando climas tropicales.
La ciudad se lava los dientes y la noche me tortura con agujas. Las escucho discutir en la lejanía, recogiendo los retazos que se descuelgan de algún hijo, de algún hombre, de un beso, del dolor, del sexo, de un amor violento que nos deslumbró, un amor violento que nos fulminó, y sabemos que se encoge para no escucharnos, que camina sin terrores entre los ambulantes y se sacude el rostro, que no registra llanto.
Una mujer entre los pregoneros es silenciada por el grito indecente de una ventana anónima…
¡Rape me! ¡Rape me! Again.
Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: "Los colores de la música" gerardoant(cc).