miércoles, 24 de septiembre de 2008

El día del carnaval

En general, hablaba de sexo, haciendo alusión al tamaño de su verga o detallando cada una de sus prácticas sexuales. Preguntaba por las tuyas como si lo hiciese por tu salud y se burlaba sin tapujos de tus reticencias.

Cuando lo conocí me pareció grosero, sin embargo, sus gestitos de loca reprimida me hicieron abrir la puerta a un sistema de tolerancias despeinado e íntimo. Mi mano en su espalda, se convirtió en el único hueco existente en una ciudad, que no deseaba su ciudadanía.

El día del carnaval me pidió sexo: “casual, para probarnos la mano”. Hizo un extenso listado de tipologías sexuales de las que a veces, durante su soledad, yo era la protagonista. Trató de persuadirme: “flaca, nadie te va a tirar como yo”. Me pidió que lo pensara y partió a saltitos rítmicos de glúteo apretado y pelo en el pecho.

Yo me quedé ahí: sorda en la ciudad ruido, ciega en la ciudad imagen, quieta en la ciudad movimiento. La dinámica delirante de un Santiago empantallado bombardeó de luces la ciudad… perdida en el caleidoscopio, todo se volvió silueta.
…corazones pop caían desde las ventanas.

Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: andreinatje cc.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Autopoiesis burocrática.

Había muerto, que de eso no quepa duda; pero solo pudo estar plenamente seguro cuando el perito lo declaró oficialmente cadáver. Ni la poza de sangre en el suelo del balcón, y menos los pedazos de sesos en el ventanal son lo suficientemente idóneos para llegar a dicha conclusión sin antes haberse guiado por los procedimientos debidamente establecidos.

Entonces, en su condición de cadáver, descubrió algo que siempre estuvo ante sus ojos: Cuando sus huellas dactilares habían ingresado a la base de datos del registro civil, desde que la cédula de identidad lo señalaba como ciudadano chileno, desde que su padre había sido declarado por la justicia bajo el rotulo de “muerte presunta” para luego aparecer a los dos meses con una cajetilla de cigarros y una sonrisa profusa; Incluso era coherente pensarlo cuando los tribunales hace unas décadas consagraron, judicial e irrestrictamente, que Cristo existió y resucitó. Concluyó que la realidad no existe… ni materialmente, ni en un mundo de ideas, ni siquiera como una construcción lingüística. La realidad es producto de la autopoiesis burocrática.

Cerró los ojos ensangrentados con el último aliento. Por dentro dio gracias al estado por el certificado de defunción. Pensó que podrían exigírselo en el cielo, después de todo ¿quién sabe si las aduanas celestiales están atendidas por antiguos funcionarios públicos chilenos?

Autor: Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Daniel Soriano Correa, © Copyright 2008.

Divorcio


Brilla en tu pupila
mi gesto lento,
el calco exacto.

Vela el viento el perfil,
de tu ojo en sombra timado.

"Divorcio" (Tanka). Autor: Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Daniel Soriano Correa, © Copyright 2008.

sábado, 13 de septiembre de 2008

De la persistencia geográfica y sus implicancias urbanas


-La ciudad tiene la culpa- pensé rabiosa por la confusión a mi alrededor. Llevaba tres días sumida en una desorientación de micros mal tomadas y atrasos con descuento a fin de mes. Recordé la consigna del buen santiaguino y busqué la cordillera.

Estaba ahí, transparentada por la nueva hotelería de promesas europeas y por el otoño diferente de un país que importa calentamiento global. Ni siquiera podían verla las mentes prodigiosas que contenían el tablero ciudadano de peatones, ciclistas y automovilistas en contienda obligada dentro del reality show de “Santiago city”.

Yo: bombardeada de titulares faranduleros para los evasivos, en transantiago hiper-moderno e inútil. Ella: oculta tras el collage publicitario de azules televisivos, vestida de cuentas de celular y fotografías del mejor empleado del mes, lista para el matinal. Nosotras: maquilladas como mediocres escondidos en el camino inexistente de la resistencia. Ruborizadas, cual exitosos obligados a seguir un lineamiento que perdió su sentido después del “sí, acepto”.

Estaba ahí, perdida entre la bailanta grosera de las sopaipillas, en el suplemento vitamínico de las seis de la mañana, en el metro atestado, en los desmayos, los desesperados. Perdida en mí misma, en mi propio ojo velado.

-La ciudad tiene la culpa- pensé, parada como un extraterrestre en el Parque Forestal. Disminuida, caminé sin rumbo por la maraña de la vida urbana.

Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Icampbell (cc)

La persistencia en la razón de las realidades posibles


Mira el reloj, apuro, aprietos, conflictos, compromisos. Apresura el paso burlando adoquines, esquivando vagos, desatendiendo la multitud. Viene la angustia, ahogo, problemas… ¡tropiezo! Perdida de 30 segundos. Disgusto que se dibuja en el rostro y paso que nuevamente se acelera. Ahumada late, palpita y apesta a música de supermercados.

Se frena en un semáforo inoficioso, intersección con Huérfanos; agobio, cesa con el pitido de la señalética para no videntes. Tiempo, contratiempo; mira el reloj: acto reflejo. La bulla y la música confunden: efecto incierto. Plaza de armas, cagadero de palomas y cemento. Se persigna frente a la catedral sin detenerse. Atolladero, jaula de pensamientos que le hacen estallar la cabeza. Corre, ¡corre!, el tiempo y el espacio lo determinan. Probabilidades, posibilidades, ¿lo imposible o lo poco probable?, contingencias, sucesos, riesgo, riesgo permanente, ¿peripecias? Un segundo, puente infinito en probabilística. Estar o no estar cuando se debe estar.

Él lo sabe, San Antonio con Santo Domingo, 14:35, hora de colación. 14:30, él espera. Él lo sabe, Ella cruza, ella debe cruzar, ella debe esquivar el mismo vendedor de películas piratas. Mira el reloj: acto reflejo, 14:37, Laura no está, Laura rompe una certeza. 14:38, 14:39, 14:40, 15:00, 17:00, días, meses, años; ¿suceso anterior, posterior, inexistente? indiferencia. Laura ya es parte de la realidad alterna.

Permanecer, eternizarse, perdurar, subsistir, insistir, aguantar la silueta de las huellas de tus pasos, la residencia incansable de la memoria, del arraigo; Abandono, evolución, renovarse, ¿rendirse?, irse, mudarse, cambiar, ¿casualidad?, errar… la persistencia se niegan a morir ante las razones de las realidades posibles.

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Juan Ignacio Iglesias (cc)

"Te vas porque yo quiero que te vayas"


Se había enamorado a la mexicana, conciente "para vivir la experiencia". Aunque no quedó ciega, ni parió hijos que canjear ante la resistencia, vivió ese amor a lo mero macho, con la pasión del tequilazo impúdico y el grito llorón del cielito lindo.

Él le creyó todo, y picaban cebolla finita en los atardeceres del happy hour, donde involucraban a las meseras como sucedáneo de la hermanastra cruel que se apropia de la herencia.

Sin embargo, un día la fórmula perdió su exitazo de titular y se encontraron frente a frente, desnudos, en una cama demasiado pequeña para contener semejante vacío.
En la encrucijada, uno decidió concientemente sellar el charro amor, brindando con una copa rota que, esa madrugada, perforó sus órganos.

El otro decidió que ya no estaba para culebrones y llenó la ausencia, concientemente, con el taller municipal de natación, tres veces por semana.

Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Icampbell (cc)

Sentido Común

El abrigo negro, de lana se mueve entre los paraguas... desdeñoso! Los aparatos telefónicos seguros en el bolsillo y el plástico copado de estatus.

Mientras tanto, un par de medias con diseño y taco sin precedente se deslizan sigilosas en busca de un abrigo, de preferencia lana... natural por su puesto, no faltaba más ¿O es que usted cree que una mujer con semejantes precauciones espera encontrar plástico en los impermeables amarillos de las seis de la tarde?

Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
ilustración: cucubanita

jueves, 11 de septiembre de 2008

Imagen urbana

Ella ama la ciudad por rosa_rusa


Corbata resbala de anónima mano, sin argolla por hipocresía. Círculo de silencio… ¡Escándalo! Especulaciones de despido, lotería, amor, enajenación. Oficinistas murmuran minutos de café-descanso instantáneo. Artistas sonríen satisfechos y eyaculan sobre los ministerios. Desempleados se enorgullecen y no se sienten tan solos.

¡Silencio!

Mujer, estudiante: respira profunda corbata que humedece su más íntimo abandono.
Close-up: explora la tela infinita de argolla… de soga, de asfixia… ¡Silencio!
Ladridos… ¡Silencio! Sirenas… ¡Silencio!

Diálogos, confrontaciones, transacciones, estridencias… focos rebeldes de llantos apagados. La mano femenina en primer plano se pierde en una imagen panorámica.
Un cable de alta tensión dividiendo las aceras.

Daniela Contreras Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: rosa_rusa (cc)

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Estancia Spenceriana de Joaquín para un baile de Alamisa


Tu cuerpo es un carnaval, Alamisa
Pienso y el vino me apalea el lomo
Yo te miro cuando estas de fiesta
Todo es euforia mezclada con humo
Tú danzas sola con mi deseo
Yo con el ojo dibujo tus pasos
Tú gesticulas una copla en silencio
Alamisa, saya y desengaños
¿Por qué la cantina ahíta y los cobardes sentados?

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Francisca Donoso Azar.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Fermín Lagunas


Fermín Lagunas sostenía la vejez sentado en una silla metálica con cojín de cuerina rojo; Ahí había pasado sentado la mayor parte de su vida. El Almacén que atendía había sido de su padre, que también pasó su vida entera ocupando el mismo espacio, en otro tiempo; pero las marcas de esa silla eran en el mismo suelo, aquel era el mismo sucucho sin luz y con moscas, la misma lentitud con la que Fermín atendía el boliche... lentitud que había heredado de su padre junto con el Almacén.

Comprar un 1/4 de queso y cinco hallullas donde Fermín podía ser un escenario surrealista para enterarse de todo el acontecer noticioso del barrio, incluso, con cierto nivel de detalle y una visión analítica. (Tiempo aproximado: 4 minutos)

Alamisa era su hija; Alamisa era sus Ojos. Si el taburete tenía resina negra sobre la cuerina roja, era por los años que Fermín había permanecido sentado para darle una educación decente, no como la de los pungas que a menudo le daban jugo por un cigarro suelto, por un alfajor fiado.

Para Fermín Lagunas, Endemio Cantos era "la amistad". Eso no era un elucubración compleja, simplemente era el único verdadero amigo que había tenido.

Fermín a las 6 en punto instalaba una mesita fuera de su local donde ponía el mate y una baraja de naipe español. Jugaba brisca con Endemio hasta las 7 en punto; después era difícil, el almacén se llenaba a la hora de once.

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.
Ilustración: Libertinus Yomango.

El Muro: Sobre Aurelio


La cara contra el muro, inhala la humedad de la muralla enmohecida. Arrastra la tela bolsuda del pantalón a media raja por las posas, barro, tierra espesa. El agua se le cuela por las Adidas de lona color pastel. El rojo de la baliza ilumina el vértice del muro, él busca una sombra en la pared roída; desliza los brazos para ocupar el menor espacio, para camuflarse en la oscuridad mientras la parca se le impregna del buqué putrefacto a orina de los ladrillos.

Aurelio aguarda tras el muro, descansa; viene corriendo de los pacos hace 2 horas. Logró llegar a la población. Ya conoce esas calles, el cablerío infinito del alumbrado eléctrico, conoce ese barro entre los dedos, esas sombras y la humedad de ese muro; ya ha estado ahí y sabe...
que la luz roja de la baliza no se atreve a traspasar el muro. Desaparecerá y se perderá en la siguiente calle.

Daniel Soriano Correa. © Copyright 2008. Todos los Derechos Reservados.